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VIOLENCIA ESCOLAR
Educación para la tolerancia. Programa de prevención de conductas agresivas y Violentas en el aula

Los niños aprenden lo que ven

Si un niño vive con críticas, aprende a condenar.

Si un niño vive con la hostilidad, aprende a pelear.

Si un niño vive con el ridículo, aprende a ser tímido.

Si un niño vive con la vergüenza, aprende a ser culpable.

Si un niño vive con la tolerancia, aprende a ser paciente.

Si un niño vive con el aplauso, aprende a apreciar.

Si un niño vive con el elogio, aprende a apreciar.

Si un niño vive con la seguridad, aprende a tener fe.

Si un niño vive con la aprobación, aprende a gustarse.

Si un niño vive con la aceptación y la amistad,

aprende a encontrar el amor en el mundo.

Las autoras finalizan el capítulo 2 con esta cita, cuyo autor desconocen; su inclusión nos parace una síntesis acabada, en estos tiempos de tanta virulencia de la violencia, donde los niños y jóvenes llevan armas a sus colegios, donde se producen masacres, insistir en que los adultos debemos ser ante todo ejemplo, difícil es en un mundo donde la injusticia social es moneda corriente. El clima del hogar no suele ser de amistad y cooperación sino de hostilidad, y la respuesta a la hostilidad y violencia es más hostilidad y más violencia, llevando a los jóvenes a situaciones donde se convierten en víctimas o victimarios. Hemos seleccionado este capítulo con el propósito de que padres, docentes y profesionales puedan ahondar en el conocimiento de los elementos que intervienen en la dinámica criminal. Recomendamos su lectura, en Argentina hoy mucha más, dadas las condiciones especiales de esta crisis en la que nuestro país se halla inmerso.

Lic. Amanda López Molina

(Selección de texto)

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Acerca de su victimización

4.1. Las victimizaciones

En función de la naturaleza del delito, de la personalidad de cada uno de los sujetos pasivos y de una amplia gama de circunstancias concurrentes, se derivan muy diferentes consecuencias de la infracción penal para las víctimas (Landrove, 1.998). Extrapolando esta conceptualización al entorno educativo, observamos que de una misma acción se pueden derivar muy diversas consecuencias para las víctimas, para los espectadores o, incluso, para los agresores. Se distingue, al respecto entre varias clases de victimización en función de los agentes implicados (agresor o víctima / espectador), y de las consecuencias derivadas a corto, medio o largo plazo.

4.1.1. Victimización primaria

La victimización primaria refleja la experiencia individual de la víctima y de las diversas consecuencias perjudiciales primarias producidas por la agresión, tanto de índole física como psíquica, económica o social. Con frecuencia, los daños experimentados por la víctima no se limitan a la lesión o puesta en peligro del bien jurídico protegido del que se es titular; la víctima puede sufrir otros daños adicionales, incrementando por tanto los efectos primarios producidos por el delito en la persona (miedo, impotencia, ansiedad, angustia, abatimiento, etc.).

4.1.2. Victimización secundaria

La victimización secundaria es la derivada de las frustrantes relaciones de la víctima con el sistema represivo escolar; se deriva de las relaciones de la víctima con los profesores, padres y/o directores, y supone en último término, el frustrante choque entre las legítimas expectativas de la víctima y la realidad institucional. Esta segunda experiencia victimal puede resultar incluso más perjudicial que la primera, al incrementar el daño causado por el delito con otros daños de dimensión psicológica o patrimonial. Aquí también entrarían en juego las expectativas de los espectadores, que pueden percibir el sistema como no operativo o funcional a la hora de resolver conflictos.

4.1.3. Victimización terciaria

Junto a estos dos aspectos del proceso de victimización cabe mencionar una tercera clase que, lejos de formar parte de la víctima, tiene relación con el otro elemento contrapuesto a ésta en el hecho criminal. Se trata de la victimización sufrida por el agresor o victimización terciaria. Ésta tiene especial incidencia cuando el agresor pertenece a sectores marginales de nuestra ciudadanía. En ella, el delincuente o victimario, se convierte en una víctima institucional, víctima de unas estructuras sociales injustas que le abocan indefectiblemente a la comisión de hechos delictivos, a través de los que intenta evadirse de la marginación y de los que, en ocasiones, puede depender su propia supervivencia. En el contexto escolar serían las consecuencias sufridas por el agresor fruto de su mala conducta: etiquetamiento, marginación, separación del grupo mayoritario, rechazo por parte de los profesores o amigos, etc.

4.2. Vías de victimización

Ampliamente reconocido es el hecho que las personas difieren en cuanto a la posibilidad de convertirse en víctimas, bien sea de determinados delitos (delitos de robo, de estafa, contra la libertad sexual, malos tratos, terrorismo, etc.), o bien de determinados acontecimientos que no llegan a constituir delito por faltar algún elemento del tipo delictivo (accidentes -catástrofes naturales, de tráfico, laborales-, etc.). La explicación de la distinta probabilidad de convertirse en víctima de determinados delitos viene de la mano de tres modelos explicativos que atienden a la interacción victimario-victimizado.

4.2.1. Atributos personales

De acuerdo con Sparks (1981), esta diferencia descansa, fundamentalmente, en los atributos de las propias personas: propiedades sociales, psicológicas, culturales, económicas y espacio-temporales. Para determinar por qué una persona es victimizada debe apuntarse hacia las acciones, atribuciones o sistemas sociales que la rodean. Estos factores pueden ayudar a explicar las variaciones interperso­nales en la probabilidad de convertirse en víctima de un determinado delito.

4.2.1.1. Precipitación

Una víctima puede actuar de tal forma que fomente o precipite la conducta del delincuente.

4.2.1.2. Facilitación

Aunque la víctima no intervenga activamente en el delito, puede facilitar su comisión de modo deliberado o por el contrario de modo no consciente, en una situación de riesgo especial. En general, cualquier persona que no adopte las precauciones debidas para no ser víctima de un delito, está facilitando su victimización ya que ella misma está creando riesgos especiales.

4.2.1.3. Vulnerabilidad

Se refiere a la debilidad de los sujetos al delito, e función de atribuciones personales. Alude a grupos de personas que presentan una indefensión o menor capacidad de repeler o evitar el delito. Se incluye a personas ancianas, niños y retrasados mentales.

4.2.1.4. Oportunidad

Se trata de una condición necesaria para que pueda ocurrir el delito. E refiere a la pertinencia, tanto de medios como de lugares en los que se encuentra la víctima potencial; ocasión que tienen los atacantes potenciales de conocer o tomar contacto con sus posibles víctimas.

4.2.1.5. Atractivo

Desde el punto de vista del delincuente unos objetivos pueden ser más atractivos que otros, derivando por tanto en un mayor riesgo de victimización e función de la posesión o no de éstos.

4.2.1.6. Impunidad

Existen ciertos colectivos que inducen a pensar al delincuente que tienen menor probabilidad de ser atendidos por las instituciones legales. Entre ellos se incluyen las minorías étnicas, los exdelincuentes, las prostitutas, etc. El delincuente cree que la comisión de su delito tiene una menor probabilidad de ser perseguible y, por tanto, menos punible o no punible.

4.2.2. Actividad rutinaria

Según la Teoría de la Actividad Rutinaria, la victimización está asociada con el estilo de vida, la rutina diaria o comportamiento y con variables demográficas. La actividad rutinaria influye en el grado de exposición a tal actividad del atacante potencial, cómo son de valiosos y vulnerables los individuos o sus propiedades como objetivos y, cómo están guardadas o protegidas tanto ellos como sus propiedades (Mustainey Tewksbury, 1998)

(...)

4.3.2. Con respecto al sexo

Hasta hace bien poco, la mujer ha sido considerada como menos participante en conductas delictivas que el hombre, tanto como sujeto activo o victimario como sujeto pasivo o víctima. Sin embargo, a medida que la mujer ha ido abandonando su trabajo dentro de casa para desempeñarlo fuera de ella, éstas diferencias se han visto difuminadas. En la actualidad, la mujer se ve implicada en tantas, o incluso en más, actividades que el hombre y esto incremento su probabilidad de convertirse en víctima. En términos generales, los riesgos de agresión varían según el sexo de la víctima: el riesgo de las mujeres está principalmente relacionado con el uso y la venta ilegal de drogas, mientras que en los hombres se relaciona con el alcohol, especialmente consumido y abusado en lugares públicos (Mustaine & Teweksbury, 1998).

Datos derivados de investigación muestran que las mujeres sufren menos delitos que los hombres. Pero este dato hay que especificarlo ya que hombres y mujeres sufren delitos de distinto tipo y, los delitos cometidos contra las mujeres suelen ser menos frecuentes u oportunistas. Los hombres sufren con mayor frecuencia delitos de robo, delitos de daño o lesiones agresiones físicas o amenazas. Las mujeres sufren, por el contrario, mayor proporción de delitos de robo con violencia o hurto, sin olvidar los delitos contra la libertad sexual, delitos de agresión sexual y maltrato físico y psíquico.

4.3.3. Con respeto al nivel socio-económico

Las personas con mayor nivel socio-económico suelen sufrir mayor número de delitos. Es decir de los datos obtenidos de investigación se deriva que la relación entre salario y victimización es positiva: a mayor renta, mayores posibilidades se presentan de ser víctimas de delitos, bien porque los bienes poseídos sean atractivos para los delincuentes, bien porque se desarrolla mayor vida social y ésta incluya el desempeño de mayor cantidad de actividades, etc.

4.3.4. Con respecto a la situación laboral

Las personas empleadas, que presentan un alto nivel socioeconómico, son más a menudo víctimas de delitos frente a las que no tienen un trabajo remunerado. Este dato derivado de investigación parece apuntar a la confluencia de otros factores distintos como son la posesión de mayor número de bienes que tienen las primeras con respecto a las segundas, así como por el estilo de vida que llevan las personas que tienen trabajo, que suelen viajar más y salir con más frecuencia de noche a lugares de diversión. Sin embargo, si consideramos que los jóvenes desempleados pasan la mayor parte de su tiempo fuera de casa, junto a su grupo de pares, esto, aumenta la probabilidad de ser partícipe del hecho delictivo, tanto como sujeto activo como sujeto pasivo, tanto como victimario como victimizado.

4.3.5. Con respecto al nivel de estudios

De los resultados obtenidos de las "Encuestas de victimización en Málaga, I996", se confirma la relación existente entre educación y victimización. De este modo, las personas que presentan un mayor nivel de estudios son con más frecuencia víctimas de delitos. Una de las explicaciones a esta relación puede ser que el factor edad correlacione con el factor estudios (las personas mayores de la encuesta tienen menor nivel de estudios). Otra de las explicaciones podría ser la mayor participación en la encuesta de gente con estudios que disp­ongan de mayor comprensión, disposición y sinceridad.

4.3.6. Con respecto a las salidas nocturnas

Se incluye en este factor la salida nocturna a bares, restaurantes, cines o discotecas.

Las personas que con frecuencia trasnochan para acudir a estos lugares son las que más a menudo sufren delitos. Respecto a todos los delitos, el riesgo de victimización disminuye conforme la frecuencia de salidas nocturnas es menor. Las diferencias son más notables con respecto a determinarlos tipos de delitos como el robo en el vehículo, y daños al mismo, robo con violencia e intimidación y delitos de agresión física. Todos estos delitos tienen como denominador común que son cometidos en vía pública.

Cabria señalar como factor adicional, que la visita y permanencia en lugares demasiado concurridos (Ej.:"mascletá", en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia, un 19 de marzo) o lugares deshabitados o inhóspitos (Ej.: visita y permanencia en un campus universitario durante la noche) conlleva un alto riegos de victimización.

(...)
LIBRO: Educación para la tolerancia. Programa de prevención de conductas agresivas y Violentas en el aula,
AUTOR: Latorre, Ángel y Muñoz, Encarnación
EDITORIAL: Desclée De Brouwer, Bilbao, 2001.
Agradecemos a Desclée de Brouwer, la autorización para difundir este material bibliográfico cumpliendo así nuestro objetivo fundacional de difundir información Y conocimientos que ayuden a prevenir distintos flagelos que sacuden nuestra sociedad actual..


 

 

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