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VIOLENCIA; MALTRATO INFANTIL
Abuso sexual en la infancia

Volnovich, Jorge R. (comp.); Lucí­a Barbero Fuks - Carlos Alberto Rozanski - Félix López Sánchez- Juan Carlos Volnovich - Alicia H. Ganduglia:

En momentos de gran difusión y denuncia, pero también de gran proliferación de conductas abusivas, de abusos concretados, difundir un texto de abordaje interdisciplinario que se erige en defensa de los niños, de las niñas y de los adolescentes lo consideramos un deber ineludible. El lector encontrará en sus páginas una valiosa compilación inteligentemente llevada a cabo por Jorge R. Volnovich, médico, psicoanalista y psiquiatra, prologado por la prestigioso Dr. Franklin Farinatti, presidente de la International Society for Prevention of Child Abuse and Neglect durante el período 2000-2002, de donde extraemos la definición DE ABUSO SEXUAL DEL NIÑO, de Schechter y Roberge (1976), "El Abuso sexual es definido como la implicación de niños dependientes e inmaduros en su desarrollo, en actividades sexuales que no comprenden completamente y para lo cual son incapaces de dar su consentimiento informado, o que violan los tabúes sociales de los papeles familiares". Lectura recomendada para padres, docentes y profesionales a quienes le inquiete esta temática.

Lic. Amanda López Molina

(selección de texto)

3. MALTRATO INFANTIL Y ABUSOS SEXUALES
NUEVA FORMA DE PLANTEAR EL TEMA

Félix López Sánchez

¿Qué debe entenderse por maltrato infantil?

Aunque todas las personas tenemos cierta idea de lo que es el maltrato infantil, resulta extremadamente difícil de precisar profesionalmente este concepto. Incluso en el caso, aparentemente más fácil, del maltrato físico, es sabido que cada cultura, momento histórico y persona ponen el límite en un lugar diferente. Unos se pronuncian por el rechazo a toda forma de castigo físico, otros hablan de la utilidad de un cachete bien dado e incluso de la bondad educativa de la bofetada, sin precisar claramente qué se entiende por cachete y bofetada. Como es sabido, no han sido infrecuentes los momentos culturales en los que se defendía abiertamente que la letra con sangre entra, animando a los profesores a que pegaran a los alumnos, si era necesario.

Entre las dificultades para definir el maltrato están las siguientes:

a) las conductas de maltrato son muy heterogéneas, por ejemplo, el maltrato físico y emocional, la negligencia y el y el abuso sexual.

b) La definición puede centrarse en cosas distintas: la conducta del maltratador, los efectos en la víctima, etc. En general, la legislación y los conceptos profesionales se han centrado más en la conducta del que maltrata, porque el enfoque predominante durante décadas ha sido el penal.

c) Los profesionales tienen enfoques diferentes, con conceptos, clasificaciones y vocabulario no siempre coincidentes.

d) La operacionalización o medida que diferencia el maltrato conlleva dificultades objetivas y está sujeta a apreciaciones culturales, profesionales, legales y judiciales.

Por nuestra parte, creemos que para definir el maltrato infantil conviene manejar a la vez dos enfoques complementarios: el modelo de deficiencia y el modelo de bienestar.

El modelo de deficiencia es el predominante; focaliza la conducta del maltratador y los daños o carencias sufridos por los menores. Desde este modelo, se entiende por maltrato toda violencia, perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, mientras que el menor se encuentre bajo la custodia de los padres, de un tutor o de cualquier otra persona o institución que lo tenga a su cargo.

Este modelo es especialmente útil porque señala al maltratador y el daño producido, facilitando la toma de decisiones legales sobre si los responsables de los menores pueden mantener la tutela y son o no adecuados para que conviva con ellos. Ha sido el modelo predominante y aquel por el que se guían los servidores jurídicos y los de protección de menores.

Pero esta manera de proceder no carece de problemas, porque acaba ocupándose exclusivamente de casos muy extremos y, únicamente, si son de una u otra forma denunciados; no focaliza los recursos positivos de la familia maltratadota que podría dar lugar a mantener al menor en ella con ciertas ayudas y, lo que nos parece más grave, no facilita que se tomen las decisiones desde un punto de vista complejo y global, teniendo en cuenta la oferta posterior que se le va a hacer al menor una vez que se han declarado culpables a sus padres. El caso extremo, hoy más infrecuente, se daba cuando un menor era separado de sus padres y llevado a una residencia donde, por unas razones u otras, acababa sufriendo maltrato institucional.

El segundo modelo parte del bienestar como derecho del menor y define el maltrato como acción, omisión o trato negligente, no accidental, que priven a l niño de sus derechos y su bienestar, que amenacen y/o interfieran su ordenado desarrollo físico y/o social, cuyos autores puedan ser personas, instituciones o la propia sociedad.

Las ventajas de este modelo son evidentes, dado que toma como referencia el bienestar infantil, no limitándose a situaciones de maltrato tan extremas, y explicita que también puede haber maltrato institucional e incluso social. Este enfoque nos parece especialmente útil para la prevención del maltrato infantil.

Las limitaciones mayores de este enfoque es que debe completarse con el enfoque anterior para poder poner límites penales que permitan actuar a los servicios sociales y a los jurídicos.

Por todo ello, consideramos que es conveniente y necesario mantener el primero de los modelos, especialmente cuando se trata de tomar decisiones judiciales, mientras el segundo nos parece más útil para el trabajo preventivo y para la intervención con los menores maltratados. Nosotros hemos dado contenido a este segundo modelo a partir de una teoría de las necesidades de los menores; visión que complementamos con la indicación de los factores protectores y de riesgo en relación con cada una de estas necesidades (López, 1995). A la vez, hemos procurado vincular esta propuesta con los conceptos y el vocabulario habituales en este campo.

De lo que se trata, desde nuestro punto de vista, es de tener en cuenta que todo menor tiene una serie de derechos referidos a la satisfacción de sus necesidades fundamentales. Estos deben ser la referencia de fondo que oriente a la prevención, la toma de decisiones y la ayuda. El maltrato debe ser visto, en este contexto, como la superación de ciertos límites por acción (maltrato físico o cualquier forma de maltrato activo) u omisión (negligencia, abandono, etc.). Límites que son diferentes según la cultura y el momento histórico. De esta manera se acaba reconociendo que el concepto de maltrato es relativo a la cultura, la legislación y la práctica profesional, pero no lo son, sin embargo, las necesidades y los derechos que deben ser considerados universales. Una referencia universal que es especialmente útil por varias razones:

a) Nos propone una meta (el bienestar infantil) siempre distante. Una utopía que debe actuar como referencia exigente para que toda la sociedad mejore el bienestar de la infancia y proponga conceptos de maltrato más exigentes cada vez.

Como indica el gráfico, el concepto de maltrato es relativo, por el que convine que cada vez sea más exigente, incluyendo todo lo que vulnera de forma importante el bienestar del menor, acercando a todos los menores del mundo cada vez más al cumplimiento de sus derechos humanos

b) Esta propuesta es una referencia crítica a aquellas formas que son ya consideradas maltrato en la sociedades más avanzadas en el tratamiento de la infancia (por ejemplo, el hacer trabajar a un menor), pero que son aún permitidas en otras sociedades.

c) Esta teoría de las necesidades orienta los trabajos de promoción positiva del desarrollo, en función del bienestar, cambiando el sentido de los servicios sociales, que no deberían limitarse a actuar cuando hay problemas, sino a evitarlos y, aun más, a fomentar el bienestar de la infancia.

d) Señala los factores de riesgo que deben ser evitados, para que no se consume el maltrato. Igualmente aparecen con claridad los factores protectores que deben promocionarse.

e) Orienta la ayuda a aquellos que ya han sufrido maltrato, puesto que se trata no sólo de evitar la repetición de éste, sino de ofrecer mejores condiciones que le acerquen al bienestar.

f) Sirve como referencia para tomar decisiones profesionales, porque no se trata únicamente de tener en cuenta si ha habido o no maltrato, sino el grado en que las alternativas que se le pueden ofrecer a un menor solucionan sus necesidades. Por ejemplo, con frecuencia se ha separado a un menor de la familia porque lo maltrataban, pero no se ha tenido en cuenta si la residencia que le asignaba respondía a las necesidades del menor o, incluso, si en ella se daban ciertas formas de maltrato. O, por poner un ejemplo más, se evaluaba el maltrato familiar, pero no los recursos positivos que mantenía esa familia para satisfacer las necesidades del hijo por sí mismos o con ciertas ayudas.

Cuando hablamos de necesidades, queremos decir que el niño o la niña están preprogramados para desarrollarse de una determinada forma, que es un proyecto que para cumplirse necesita de determinadas condiciones, que, en definitiva, necesita algunas cosas y no otras. Estas necesidades son de naturaleza biológica, emocional y social, y deben ser consideradas como características de la especie humana, aunque algunas de ellas son compartidas con otras especies.

Naturalmente, esto no significa negar la plasticidad y la individualidad de cada ser humano, sino poner de relieve lo que compartimos como herencia específica, aquello que cada persona tiene que resolver adecuadamente. Por ejemplo, es evidente que las formas de vinculación afectiva son siempre individuales y tienen una gran variabilidad, pero es indudable que todo ser humano necesita vincularse afectivamente a los demás para sentirse seguro y satisfecho emocionalmente. Un ejemplo más evidente aún: es necesario comer, pero puede haber diferentes gastronomías. Gastronomías que, por cierto, no siempre son adecuadas a las necesidades del menor.

EL CASO DE LOS ABUSOS Y LA SEXUAL Y LA SEXUALIDAD INFANTIL

2.1 EL TRATAMIENTO DE LOS ABUSOS Y LA SEXOFOBIA

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3.1 LA SEXUALIDAD INFANTIL

3.1.1 ¿Por qué ha sido poco estudiada la sexualidad infantil?

Aunque algunos aspectos de la sexualidad infantil, como la adquisición de la identidad sexual y el rol de género, han sido muy estudiados, las manifestaciones sexuales infantiles han sido y siguen siendo muy poco investigadas.

Las razones de esta ausencia de estudios creo que son fundamentalmente las siguientes:

a) Estamos en una cultura que niega la existencia de la sexualidad infantil por considerar peligrosas sus manifestaciones y por tener un concepto adulto de la sexualidad.

b) Por las dificultades éticas para estudiarla de manera experimental, a través de observaciones o de preguntas directas a los menores.

c) Por dificultades para interpretar su significado, dado que en algunos aspectos es muy probable que se produzcan cambios cualitativos en la pubertad.

3.1.2. ¿Qué estudios se han hecho?

De hecho, los pocos estudios que se han realizado tienen numerosas limitaciones:

Los estudios psicoanalíticos, basados en recuerdos reelaborados en situación de análisis, permitieron descubrir la existencia de la sexualidad infantil y su posible importancia para el resto de la vida.
Los estudios antropológicos, como los de Malinowsky, tienen la ventaja de basarse en observaciones de conductas hechas en un contexto natural y sin prejuicios, pero pertenecen únicamente a algunas culturas.
Los datos obtenidos a través de cuestionarios o entrevistas de muestras de la población no clínica, como los obtenidos por Kinsey y Ramsey, tiene la ventaja de ofrecernos datos no clínicos, ofrecidos por los propios actores de las conductas.
el uso de los padres (Friedrich y otros, 1991) y de los educadores (Lindblad y otros, 1995) tiene la ventaja de ofrecernos datos de observación referidos al presente, pero nos ofrece observaciones muy limitadas, a pesar de tratarse de personas que pasan mucho tiempo con los niños.

3.1.3. Nuestros estudios

Nosotros hemos llevado a cabo tres estudios cuyos resultados presentamos de manera más formal en una comunicación, en la que hemos usado tres fuentes paralelas de información sobre la sexualidad infantil: los padres, los educadores y los jóvenes. Los contenidos de las tres investigaciones son muy similares, aunque el formato de respuesta de los sujetos es diferente.

En realidad, se trata de tres estudios diferentes con el mismo objetivo: conocer la frecuencia y el significado de las manifestaciones sexuales prepuberales. Se trata unas investigaciones hechas expresamente para fundamentar esta ponencia.

En estas tres aproximaciones partíamos de la hipótesis de que los niños tienen numerosas manifestaciones sexuales prepuberales motivadas para:

a) satisfacer su curiosidad;

b) explorar su cuerpo y el de los demás;

c) imitar a otros;

d) buscar el placer.

3.1.3.1.Los educadores como fuente de información

Los educadores han observado numerosas conductas sexuales durante los seis meses que precedieron a la aplicación del cuestionario.

El formato de la pregunta a los educadores fue que indicaran el número de niños y niñas en los que, por separado, habían observado las conductas que se indican a lo largo del curso actual.

Recibimos finalmente 115 respuestas, un tercio de los cuestionarios entregados aproximadamente, la mitad referidos a los niños y la otra mitad a las niñas.

En todo caso, aparece clara la gran riqueza que tiene la sexualidad infantil, especialmente en las manifestaciones más escolares, como lo son las preguntas, los comentarios y los juegos.

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3.1.3.2. Los padres como informantes

Los padres son otra fuente de información posible en el estudio de la sexualidad infantil, dado que pasan muchas horas con los hijos y comparten muchos momentos de intimidad.

En nuestro caso usamos un cuestionario con contenidos semejantes, pero variando el formato de la pregunta: frecuencia con que han observado en su hijo o hija las conductas sexuales durante el último año aproximadamente.

Obtuvimos respuesta a 92 cuestionarios, algo menos de un tercio de los entregados a los padres a través de los educadores.

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3.1.3.3. Los jóvenes como informantes

Ante la dificultad social para preguntar a los menores sobre este tipo de cuestiones y, sobre todo, para conseguir que sean sinceros, hemos optado por usar como fuente de información a jóvenes universitarios. Seguramente esta muestra podría completarse con adolescentes, pero no es fácil conseguir hacer este tipo de preguntas a los menores, sin encontrar resistencia en las familias, los educadores y los propios adolescentes.

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3.2 Los abusos sexuales a menores

Si son evidentes las múltiples manifestaciones de la sexualidad infantil, no lo es menos la alta frecuencia de los abusos sexuales a menores.

Estos, como es sabido, deben entenderse como la actividad sexual entre un adulto y un menor de edad (asimetría de edad) o la imposición (asimetría de poder) de conductas sexuales de un menor a otro.

Pues bien, en la literatura científica internacional, como es sabido, se ha confirmado que, al menos por lo que se refiere a Occidente, aproximadamente el 20% de las chicas y el 10 % de los varones han sufrido abusos sexuales antes de los 17 años.

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Conclusión

Podríamos, por consiguiente, concluir diciendo que los niños y las niñas ven con mucha frecuencia vulnerados sus derechos sexuales, tanto por quienes niegan su sexualidad infantil, como por quienes la instrumentalizan.

Queremos que los profesionales que trabajamos en el campo de la sexualidad denunciemos esta doble vulneración y seamos capaces, por un lado, de aceptar con naturalidad las manifestaciones de la sexualidad infantil, contribuyendo s la construcción de un mundo más sexofílico; y, por otro, que reconozcamos las verdaderas dimensiones del problema de los abusos sexuales y trabajemos seriamente en su prevención dentro del marco de la educación sexual.

 

TITULO: Abuso sexual en la infancia,
AUTORES: Volnovich, Jorge R. (comp.); Lucía Barbero Fuks - Carlos Alberto Rozanski - Félix López Sánchez- Juan Carlos Volnovich - Alicia H. Ganduglia
EDITORIAL: Lumen Humanitas, 2002.; Buenos Aires, Argentina

Agradecemos a Editorial Lumen la autorización para difundir este material bibliográfico cumpliendo así nuestro objetivo fundacional de difundir información difundiendo conocimientos que ayuden a prevenir distintos flagelos que sacuden nuestra sociedad actual..

 

 

 

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